Abogando por los derechos de los migrantes: una conversación con dos alumni de Enseña por México trabajando con comunidades migrantes

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De acuerdo con información oficial de la Organización Internacional para las Migraciones, el corredor migratorio México-Estados Unidos es el más transitado del mundo. De hecho, la migración en México es un tema muy complejo, ya que involucra diferentes tipos o flujos migratorios que dan como resultado poblaciones migrantes diversas con un espectro de necesidades y desafíos.

Las exalumnas de Enseña por México Yanet Nepomuceno y Sarahi Arroyo enseñaron en Puebla durante su tiempo como profesoras de Enseña por Mexico en 2013, donde se fortaleció su compromiso con la educación, la justicia social y la equidad. Estos valores siguen siendo clave para ambas incluso hoy, ya que ambas trabajan como defensoras de los derechos de los migrantes en México. Sarahí trabaja con el Servicio Jesuita a Migrantes en Chiapas, en la frontera sur del país, y actualmente dirige la estrategia educativa de la organización desde la Ciudad de México. Durante los últimos cinco años, Yanet ha trabajado con Casas Migrantes, tanto en Chihuahua como en Coahuila, en la frontera norte del país. Por el Día Internacional del Migrante, conversamos con ambas sobre sus esfuerzos para mejorar el apoyo que se brinda a los migrantes en México.

¿Cuál ha sido tu experiencia colaborando con poblaciones migrantes? ¿Cuáles han sido los desafíos con los que te has encontrado?

Yanet: Lo más enriquecedor de haber trabajado con personas en situación de tránsito es reconocer en primera mano la capacidad de resiliencia que tienen las personas. Sobretodo la niñez y la adolescencia que tienen una capacidad de resiliencia asombrosa. Evidentemente no ha sido porque lo hayan decidido pero las herramientas con las que pareciese que están dotados los niños y las niñas es increíble, siempre me asombró muchísimo. Hay una gran cantidad de desafíos: El primero, tiene que ver con la forma en la que se percibe a la población en tránsito. Existe demasiada desinformación, prejuicios y estereotipos, casi siempre negativos, de la población migrante a nivel social, lo que genera rechazo y falta de apoyo por parte de la comunidad. Otro desafío es la posibilidad de una educación formal. El trabajo que hemos hecho con los niños, niñas  y adolescencia para insertalos en escuelas formales ha sido muy delicado y complejo. Y no solamente es complejo para los estudiantes, también lo es para los docentes que dan el acompañamiento. 

Un gran desafío tiene que ver con las políticas públicas y, aunque ha habido avances, parece que estas políticas benefician a todos menos a las personas en situación de movilidad, porque rara vez se les pregunta qué necesitan o qué quieren. Trabajé muy de cerca con un cura, Pedro Pantoja, que siempre decía: “La gente que hace políticas públicas las hace detrás de un escritorio y eso no tiene nada que ver con la realidad”. Otro gran desafío es la seguridad de todos los involucrados, sabemos perfectamente que estamos tratando con intereses económicos y organizaciones criminales muy grandes, por lo que es muy arriesgado. Finalmente, está el tema económico: no hay dinero del gobierno, en ningún nivel, para atender adecuadamente las necesidades de las personas en movimiento. De hecho, los albergues de migrantes en los que colaboré fueron fundados por la Iglesia Católica y por la sociedad civil, a través de donaciones, porque es la única forma de financiar este apoyo.

Sarahí: Mi experiencia me ha cambiado la vida y me ha transformado por completo. La verdad es que llegué con la idea de pasar tres meses trabajando con migrantes y terminé quedándome en Chiapas tres años y medio, porque siempre había una razón para quedarme y aprender más. Ver todas las injusticias, las desigualdades y también compartir con las familias fue lo que me motivó. Porque hay muchos retos, los que menciona Yanet, pero también otros principalmente con las autoridades y capacitando a los involucrados con los migrantes. Las historias y realidades de los migrantes son muy duras y las autoridades las ven solo como números. Por lo tanto, es un desafío hacer visible lo que realmente está sucediendo y por qué las personas abandonan su lugar de origen, considerando todo lo que enfrentan en el camino. Recientemente una persona nos compartió que era mucho más peligroso cruzar México que cruzar la selva del Darién en Sudamérica. Y esto tiene que ver con el mal trato que les da la sociedad, el crimen organizado y por supuesto las autoridades que son déspotas y muchas veces están del lado del crimen organizado, sin ver que son personas con historias y derechos.

Cuando llegué, fue increible ver cómo ya había un grupo que desde hace muchos años se organizaba y atiendía a  la migración. Sin pedir nada a cambio apoyaban como pueden, dando hospedaje y alimentos si encontraban algúna  persona extranjera en la calle. Sin pedir nada a cambio, las recibían, compartían y las veían como como un igual, no como el migrante, sino es como una persona que está en una situación difícil y que necesita ayuda.

Por otro lado, en cuanto a las escuelas, había dos bandos: instituciones que simplemente cerraban sus puertas, que era más por desconocimiento y por no saber qué hacer, pero también directores que hacían un gran esfuerzo por conseguir inmigrantes. niños en la escuela. Esto no siempre fue fácil porque no tenían documentación y había muchos obstáculos para conseguir papeles. Pero esto me ayudó a ver que la formación de autoridades y la sensibilización informativa es clave, porque muchos de los profesores ayudaban a los alumnos, hablaban con los padres, y en temas como historia tenían paciencia y trabajaban con el grupo para que no solo hubiera integración, sino inclusión real.

¿Qué podría mejorar?

Yanet: Lo primero sería considar preguntarles a las familias y a las personas involucradas que es lo que necesitan. Nosotros, desde donde estamos parados, creemos que necesitan algo, pero a lo mejor no necesitan eso en ese momento. Preguntar a adultos y niños - ¿Cuáles son sus necesidades? Claro, es fundamental el acompañamiento psicológico, tener contención emocional, pero a veces se nos olvida que en la escala de necesidades es más importante comer, es más importante tener un techo. Además tenemos que ponerle más atención a la educación. Muy pocas familias llegan a dimensionar esto cuando llegan a un nuevo lugar, de que sus hijos tienen que ir a la escuela, tienen que seguir aprendiendo y socializando. La importancia de la educación formal sucede cuando ya se establecieron.

¿Qué lecciones has aprendido de trabajar con poblaciones migrantes?

Sarahí: Cada día aprendes algo, desde palabras a comidas nuevas. Pero sobre todo se aprende de las anécdotas. A  mí lo que siempre me sorprende es esta esperanza y resiliencia, me hizo cuestionarme mucho sobre mi -  quién soy y los privilegios que he tenido y también cómo vivir con menos. También me sorprendió mucho que había muchas familias que económicamente estaban bien en su país y que llegaban a un lugar con muy malas condiciones, sin hogar y tienen esta fuerza para recomenzar en un nuevo lugar ganando muy poco. Trabajando con poblaciones migrantes es evidente esta resiliencia, fe y esperanza, el aferrarse a darle sentido a la vida a pesar de todas estas injusticias.

Yanet: Para mí es sumamente complicado responder qué ha aprendido porque va desde cosas tan pequeñas, hasta cuestiones filosóficas. Puedes ver estos polos opuestos - lo peor y lo mejor de la humanidad. Víctimas y victimarios. He aprendido de la enorme capacidad que tenemos los seres humanos para sobrevivir y superar cualquier cosa.  La niñez migrante merece un reconocimiento a parte, es increíble su inteligencia emocional y su forma de generar redes para superar el trauma de mudarse de su lugar de origen. 

¿Cómo les ayudó su experiencia en Enseña por México para el trabajo con poblaciones migrantes?

Yanet: Enseña por México fue una experiencia personal y profesional para mí. Siempre he trabajado en contextos y con personas en situación de vulnerabilidad, por lo que la forma en que Enseña por México trabaja con estas poblaciones me ayudó a organizar y planificar estrategias efectivas. Enseñé en la Sierra Norte de Puebla, trabajando con comunidades rurales, y las herramientas que aprendí durante este tiempo me ayudaron mucho mientras trabajaba con migrantes. Asimismo, los vínculos y la empatía hacia los demás desarrollados dentro del programa. Y bueno, creo que podría mencionar mil cosas de cómo Enseña por México ayuda a nivel profesional, pero luego me extendería hasta el infinito.

Sarahí: Las metodologías y la estructura que me presentó Enseña por México, las herramientas para planificar talleres comunitarios, para brindar información, para verificar el entendimiento, todo eso me sigue ayudando. Utilizo estas herramientas y técnicas en las aulas y también para ayudar a informar a la población sobre sus derechos. Además, la experiencia que tuve de salir de la Ciudad de México para ir a una comunidad rural a dar clases, esta experiencia de movilidad me ayudó a empatizar con los migrantes, aunque reconozco que se vieron obligados a migrar, lo cual es muy diferente a mi propia experiencia. Pero realmente Enseña por México me ha ayudado tanto en lo profesional como en lo personal.

¿Hay algún mensaje clave que les gustaría compartir con el resto del mundo o qué mensaje le gustaría enviar a otros educadores que trabajen con poblaciones migrantes en el marco del Día internacional del migrante?

Yanet: No sé si tengo la calidad moral para aconsejar a otras personas educadoras, pero tratando de combinar un poco tanto la experiencia de Enseñar a México en la que se imparte clases y los años que estuve colaborando con personas en situación de movilidad, yo les diría que recuerden siempre y que nunca se les olvide que están trabajando con personas. No están trabajando con números, no están trabajando con promedios, no están trabajando con calificaciones, están trabajando con personas. Que jamás se pierda de foco eso. Y que la niñez que está migrando y moviéndose siempre va a tener algo que aportar.

Sarahí: La primera es acercarse y escuchar la realidad de las personas. Escuchar las realidades de las personas para a partir de ahí saber cómo acompañar y cómo responder ante estas realidades. Recordar que migrar debería de ser un derecho, no solo por desplazamiento forzado. Y por eso debemos acercarnos, conocer y compartir, ver más allá y escuchar principalmente a los niños y niñas que son los que menos son escuchados y que son también los que más viven esta experiencia.