Tres roles, tres experiencias, un solo propósito
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Como se puede ver en todo el mundo, la crisis climática ya no es una amenaza distante, es una realidad vivida. En América Latina, sentimos esta vulnerabilidad profundamente, ya que los desafíos ambientales se transforman en conflictos sociales que afectan a nuestras comunidades más vulnerables. Ya sea la crisis hídrica, las temperaturas récord o los incendios forestales que han marcado nuestro continente, estos no son sólo titulares, son el trasfondo de nuestras vidas.
A pesar de esta urgencia socio-ambiental, aún no hemos aprovechado plenamente una de nuestras herramientas más poderosas: la educación y el liderazgo climático. Hasta la fecha, los esfuerzos para su implementación en la región no han sido suficientes. Aunque muchos países se han comprometido "en el papel" a través de leyes o políticas curriculares, éstas a menudo permanecen vacías y sin un enfoque holístico y sistémico.
Todavía hay mucho trabajo por delante, pero encontramos esperanza en la forma en que las personas y organizaciones están interviniendo. Somos parte de un ecosistema creciente de agencias, escuelas y ONG—como Teach For All y su comunidad de Educación y Liderazgo Climático—trabajando para cambiar el rumbo. En septiembre de 2025, nos reunimos en Santa Cruz, Bolivia, para la Cumbre de Acción sobre Educación Climática para ir más allá de la teoría y entrar en acción. Este blog es la historia de ese encuentro, contada a través de los ojos de tres personas de nuestra red: Victoria Rivera, una participante (fellow) de Enseña Chile; Lisby Sandoval, una alumni de Enseña por Panamá; y Gabriel Sandoval, un ex-miembro del staff de Enseña Perú. Juntos, sus perspectivas ofrecen una ventana hacia cómo estamos construyendo un movimiento por el planeta.
Victoria Rivera, participante (fellow) de Enseña Chile
Como participante del programa de Enseña Chile, la Cumbre de Acción sobre Educación Climática fue mi primera oportunidad de salir de mi contexto local y conocer a miembros de la red global de Teach For All cara a cara. Siempre me han interesado mucho los temas ambientales, especialmente en educación, y fue fascinante poder conectar, compartir y aprender con personas que están en la misma sintonía; ¡ha sido una de las mejores experiencias que he tenido como participante!
En el colegio donde trabajaba, a menudo me sentía sola en esta pasión. Fue difícil hacer visible la importancia de la educación y el liderazgo climático para mis colegas, y me di cuenta de que mi comunidad escolar carecía de la voluntad para abordarlo; en parte porque nadie se sentía preparado para discutir el tema. Hay una necesidad masiva de un cambio de paradigma. La Cumbre me ofreció una oportunidad para aprender cómo superar estas barreras.
Al conectar con otros en la Cumbre, me di cuenta de que a pesar de nuestras diferentes geografías en América Latina, nuestros conflictos socioambientales son notablemente similares. Compartimos las mismas luchas, lo que también significa que compartimos una gran cantidad de experiencias, ideas y oportunidades. Aprender de otros participantes, alumni y miembros del staff realmente reavivó mi fuego para involucrar a mis estudiantes. De vuelta en Chile, mis estudiantes y yo investigamos y aprendimos más sobre la naturaleza y cómo restaurarla y protegerla: Desde visitar el Volcán Osorno para reflexionar sobre nuestras maravillas naturales, hasta restaurar el Humedal Mirasol justo en nuestro propio barrio. Aprendimos sobre soberanía alimentaria plantando y gestionando un invernadero y conectamos con nuestra sabiduría ancestral a través de plantas medicinales antiguas. Me atrevo a decir que ayudé a formar agentes de cambio que, estoy segura, continuarán aprendiendo e innovando para resolver estos desafíos en sus comunidades. Ver a niños desde los ocho años tomando acción (y luego escuchar la gratitud de sus padres) me llenó y reafirmó que involucrar a los estudiantes en la educación y el liderazgo climático no es sólo importante, sino esencial.
Esta experiencia, combinada con la perspectiva global que obtuve en la Cumbre, ha moldeado profundamente la visión que tengo para mi futuro. Ahora que he completado mis dos años como participante de Enseña Chile, sé exactamente hacia dónde quiero aventurarme: explorar nuevos caminos para escalar la educación ambiental y el liderazgo climático en toda la región.
Lisby Sandoval, alumni de Enseña por Panamá
Cuando llegué a la Cumbre, lo hice con el corazón un poco cansado. Venía de meses intensos de trabajo, tratando de equilibrar mi tiempo entre los proyectos ambientales en los que trabajo como consultora y los espacios de diplomacia climática en los que suelo participar. En noviembre de 2024, había estado en la COP29 como parte de la delegación de Panamá, contribuyendo a la defensa de posiciones y enfrentando la frustración de no lograr el resultado esperado que nuestro bloque había propuesto. Y en agosto de 2025, justo el mes antes de la Cumbre, había regresado de otra reunión: El escenario donde se llevó a cabo otra ronda para el futuro Tratado Global sobre Plásticos. Allí, también fallamos en alcanzar un consenso ni siquiera para levantar un borrador que garantizara menos contaminación por plásticos y mejor salud para el mundo. Ver repetirse los mismos bloqueos en los acuerdos multilaterales que necesitamos desesperadamente es simplemente agotador. Es difícil no bajar la cabeza cuando las negociaciones, una y otra vez, se estancan justo donde más deberían avanzar.
Llegué a la Cumbre con esa mezcla de decepción, cansancio y duda que a veces se acumula cuando trabajas en los frentes más políticos y técnicos de la acción climática. Pero el encuentro me recibió con algo que había olvidado cuánto necesitaba: comunidad. Allí estaban alumni, staff, participantes (fellows) y aliados de toda la red de Teach For All en América Latina. Y había una energía diferente: Más humana, más cercana y más honesta. Era una energía que no proviene de un documento negociado línea por línea, sino de personas reales que están transformando sus territorios a través de la educación, la organización comunitaria y el liderazgo local.
Y fue ahí donde me volvió el sentido de posibilidad.
Reconecté con la cultura de Teach For All y con las razones más profundas por las que hago lo que hago: Una cultura que apuesta por el potencial humano y por la convicción de que el cambio se construye desde abajo hacia arriba, y no al revés. Es una cultura que entiende que la educación no es sólo un derecho, sino una herramienta de resiliencia, de poder colectivo, de dignidad y de futuro. También reconecté con mi propia historia como alumni de Enseña por Panamá. Estar allí, rodeada de personas que comparten mis valores, me recordó que mi trabajo—tanto en proyectos como en diplomacia climática—no está separado del trabajo educativo. Todo está entrelazado; todo se retroalimenta.
Escuchar a otros alumni y líderes territoriales hablar de sus contextos, de sus propuestas, de sus luchas cotidianas y de su audacia para enfrentarlas me devolvió la claridad. Vi cómo en sus comunidades nacen soluciones que la diplomacia todavía está aprendiendo a escuchar; vi cómo la acción climática es más potente cuando tiene raíces en la gente, en el conocimiento, en la memoria y en la experiencia vivida. Me fui llenando de ideas, de colaboraciones posibles y de formas concretas de conectar mi trabajo con aquellos que están construyendo cambios desde las escuelas, los barrios y las costas en mi país.
Me fui con la certeza de que mis esfuerzos en escenarios políticos internacionales sólo pueden tener sentido si permanecen conectados con la comunidad. También me fui con la convicción profunda de que la educación climática es un puente entre todas las áreas en las que trabajo: La conservación, el liderazgo juvenil, la participación comunitaria, el diseño de proyectos y las negociaciones globales. Es donde todo converge.
Santa Cruz me recordó que, incluso después de los fracasos en las mesas de negociación, el trabajo no pierde valor. Lo que pasa es que a veces necesitamos volver a los espacios donde nació nuestra vocación, donde aprendimos a creer en las personas y en el cambio posible. Y eso fue la Cumbre para mí: Una oportunidad de reconectar, recargar y volver a mirar mi comunidad con ojos más amplios, más sensibles y —por qué no— más estratégicos.
Me llevé esa energía renovada de vuelta a Panamá, junto con el compromiso de seguir construyendo puentes entre lo que hago a nivel global, lo que hago con comunidades, lo que la red de Teach For All impulsa a través de la educación y el espíritu de Enseña por Panamá. Porque si algo me quedó claro es que el futuro se construye desde nuestras comunidades, pero también desde las alianzas que nacen cuando nos encontramos con quienes creen en las mismas cosas que nosotros.
Gabriel Sandoval, Gerente de Proyectos de Enseña Perú
La Cumbre de Acción sobre Educación Climática fue mi primera ventana hacia el funcionamiento interno de las organizaciones asociadas de la red de Teach For All en América Latina. Mi principal fuente de inspiración fue la oportunidad de intercambiar ideas con un grupo tan diverso: Miembros del staff que van desde aquellos con años de experiencia en educación climática, hasta aquellos que recién comienzan a integrar el liderazgo climático en sus estrategias organizacionales; alumni que han lanzado poderosas iniciativas climáticas; y participantes (fellows) actuales que involucran a los estudiantes diariamente. Estas voces diversas crearon un diálogo enriquecedor y un espacio que fue honesto y esperanzador, señalando los vacíos internos en educación climática dentro de cada país, mientras simultáneamente nos llenaban de esperanza a través de los ejemplos de actores, dentro y fuera de la red, que están haciendo todo lo posible para llenar esos espacios a través de la acción climática con propósito.
Muchas de nuestras discusiones se centraron en cómo integrar profundamente la educación y el liderazgo climático en el 'ADN' de nuestras organizaciones. Exploramos decisiones estratégicas de alto nivel, como alinear la selección de postulantes con intereses de justicia ambiental y climática, construir capacitación interna para el conocimiento técnico y encontrar mejores formas de apoyar los proyectos de acción climática liderados por participantes en las escuelas. Comparado con otros miembros del staff con más experiencia en este campo, me sentí como un peso liviano. Sin embargo, mi rol como Gerente de Proyectos me mantuvo cerca de la realidad de los participantes, y ser parte de estas conversaciones estratégicas —y realmente contribuir a ellas— fue profundamente inspirador. Esto me motivó a llevar estas ideas de vuelta al resto del equipo de Enseña Perú, con la esperanza de que la educación y el liderazgo climático tomen más importancia en todos nuestros programas.
Aprendí que integrar profundamente el liderazgo climático en una organización no sucede en un día. Este trabajo todavía está en curso, pero gracias a la Cumbre, ahora tenemos el conocimiento técnico y el contacto directo con líderes capaces que ya están haciendo realidad esta transformación en toda la red.
A través de las reflexiones de Victoria, Lisby y Gabriel, podemos ver que la educación y el liderazgo climático presentan muchos desafíos, pero más importante aún, muchas oportunidades, y que la comunidad y la colaboración son esenciales para este trabajo. Si bien todavía hay mucho trabajo por hacer, el cual probablemente tendrá numerosos obstáculos y traerá frustración, al mirar lo que otros han logrado o los pequeños pasos desde las comunidades, uno se da cuenta de lo que es posible y que al final, los esfuerzos dan frutos. Aunque pueda sentirse como algo pequeño, son avances significativos. Cada participante que integra la educación climática en sus lecciones, cada estudiante que se da cuenta de su capacidad para tomar acción climática, los alumni cuyas aspiraciones profesionales se orientan hacia el liderazgo climático a largo plazo, y cada comunidad que toma acción, nos llevan un paso más cerca de lograr nuestro objetivo. Lo importante es no perder de vista nuestro propósito y siempre trabajar en red.